Recuerdos,
tan fríos, vanos que laceran cada parte de mi corazón
sólo es como la nieve que no cae
Canciones que taladran mis sentidos,
¿Dime si la soledad se cura con el canto de los hombres?
Sólo así, solo así,
La tristeza recorre mis anhelos,
caminas, ves las luces como caen
las personas abrazándose se mutilan;
lágrimas que nacen son cristales, no sienten…
Cantan,
cantan las aves invernales
Picoteando mi garganta;
No deja de fluir el dolor en paramos de agonía.
Hermana, muerta, abrigo nostálgico de una vida escurridiza;
padre de mirada ausente
manifiéstense ante mí, como los espíritus invernales
veneno de dios,
nacimiento en 2 mil años recordado
en las campanas celestiales de nadie;
Retumban en tierra
el nacimiento de Dios, ya es nada;
Los hombres nos olvidamos que nació
Y su sangre se estampo en las venas del cielo,
Belén, campanas de Belén.
Díganme ángeles
Como se arrastre el espíritu de Natividad
en pobres huesos citarizados por la lumbre del odio
familias, techos de navajas
cuando te abrazan envenenan tu sangre…
Crucificado el Niño;
La madre llora, los recuerdo de una vida me golpean
el frio entumece mis dedos,
caigo en el gélido pavimento
agarrándome las ideas
explotan en tanto mi sangre se pulveriza tal vidrio
el cielo se petrifica,
recuerdos tan viles, perforan mis pulmones
sólo una lágrima muerta me alivia
Ya muerto…
Ya muerto…
No recuerdo, ya muerto
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